Prosa aprisa
Yunes lee
a Sergio Pitol
Arturo Reyes Isidoro
“La
palabra libro está muy cerca de la
palabra libre; sólo la letra final
las distancia: la o de libro y la e de libre. No sé si ambos vocablos
vienen del latín liber (libro), pero
lo cierto es que se complementan perfectamente; el libro es uno de los
instrumentos creados por el hombre para hacernos libres. Libres de la
ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de los tiranos,
de fiebres milenaristas y turbios legionarios, del oprobio, de la trivialidad,
de la pequeñez. El libro afirma la libertad, muestra opciones y caminos
distintos, establece la individualidad, al mismo tiempo fortalece a la
sociedad, y exalta la imaginación”.
En
tan pocas líneas dice tantas cosas del libro (y de la lectura por extensión,
así lo entiendo, y, por qué no, hasta del poder, un instrumento del hombre para
propiciar la libertad o la tiranía) nuestro Premio Cervantes 2005, siempre
admirado y querido, Sergio Pitol, ahora lamentablemente bastante afectado en su
salud.
El
texto que he transcrito al inicio es parte de la presentación que el maestro
Pitol hizo a la colección “Biblioteca del Universitario” de la Universidad
Veracruzana, creada por la casa de estudios para abrirle al estudiante las
puertas del conocimiento y también así mismo, según explica.
El
Premio Cervantes está considerado como el equivalente al Premio Nóbel de
Literatura, nada más que en este caso de las letras castellanas, y Pitol no
obtuvo ese galardón gratuitamente. En el párrafo en mención nos dice que
debemos leer para ser libres, libres de varias cosas que apunta, como de los
demonios, demonios que a veces llevamos dentro nosotros mismos, esto es, que en
ocasiones nosotros somos nuestros propios demonios o somos el demonio en persona,
opino yo.
Leer
a Pitol es un privilegio, una necesidad, una obligación. Por eso me pareció un
buen detalle que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares haya comprado el
sábado pasado, cuando visitó la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil que
tiene lugar en el Colegio Preparatorio de Xalapa (termina el próximo domingo),
el libro El mago de Viena de Sergio
Pitol, y que haya decidido comprar textos también para sus nietos. Nada es más
saludable que propiciar la lectura, la buena lectura. Y qué bueno, además, que
la primera autoridad de Veracruz haya optado por uno de nuestros consagrados.
MI
ejemplar del libro me lo autografió el maestro. Es del Fondo de Cultura
Económica Colombia, 2006, una segunda edición, porque la primera que llegó a la
Ciudad de México se agotó de inmediato. La segunda alcanzó a llegar a Xalapa.
Algunos
subrayados que hice entonces, cuando lo leí por primera vez (cuando puedo
vuelvo a él):
El libro realiza una multitud de
tareas, algunas soberbias, otras deplorables; distribuye conocimientos y
miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enaltece y rebaja, crea o
cancela opciones de vida.
Quienes odian los libros odian la
vida.
Hay quienes leen para matar el
tiempo. Su actitud ante la página impresa es pasiva: se afligen, se divierten,
sollozan, se retuercen de risa; las páginas finales donde todos los misterios
se han revelado ya les permitirán dormir con mayor tranquilidad… los lectores
adictos a ese combate de buenos versus malvados acuden al libro para entretenerse y matar el tiempo, nunca
para dialogar con el mundo, con los demás ni con ellos mismos.
Releer a un gran autor nos enseña
todo lo que hemos perdido la vez que lo descubrimos.
Como el baño en el río de
Heráclito, la relectura de un clásico jamás será la misma, a menos que el lector sea un auténtico
papanatas.
Shakespeare, en los dramas
históricos, presenta a sus espectadores una radiografía de los procedimientos
del poder absoluto (narra que un amigo suyo después de su undécima lectura se
convenció de que Hamlet era una
tragedia política).
Uno no advierte el proceso que lo
conduce a la vejez. Y un día, de repente, descubre con estupor que el salto ya
está dado.
Y
hasta ahí porque se supone que estoy de descanso, de vacaciones. Vale la pena
leer el libro. Al gobernador, que disfrute su lectura y que le sea de buen
provecho.


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