Prosa aprisa
Cadetes,
¿mano de obra calificada para la delincuencia?
Arturo
Reyes Isidoro
En
el último año del sexenio pasado, un día me buscó un joven a cuya familia
conozco desde hace mucho tiempo.
Me
pidió alojamiento temporal en Xalapa porque, me dijo, necesitaba venir a la capital ya que pretendía ingresar
como cadete a la Academia de Policía de El Lencero.
Se
vino de su pueblo, se presentó en la Academia y seguramente para su sorpresa
–para la mía lo fue– lo aceptaron de inmediato. Regresó por su maleta, me dio
las gracias y se fue a vivir como cadete.
No
volví a saber de él hasta que un día me enteré que había desertado cuando ya
casi estaba por concluir su preparación.
Poco
tiempo después me buscó y me explicó lo que realmente había pasado.
Aprovechó
un fin de semana cuando lo habían dejado franco para ir a ver a su familia y ya
de regreso para presentarse de nuevo en la Academia quedó atrapado en la
carretera en uno de los tantos bloqueos que había a diario porque el gobierno
de Javier Duarte no pagaba, y ya no pudo llegar.
Sin
embargo, tuvo la intención de presentarse aunque fuera a destiempo, pero
entonces se enteró que a otros compañeros suyos a los que les había sucedido lo
mismo y que se habían presentado los habían castigado severamente metiéndolos
en un tambo y varias cosas más.
Se
quedó con su familia en su casa, en su pueblo, y aunque asegura que le había
gustado mucho su estancia en El Lencero y las funciones de policía que lo
habían mandado a hacer en varios puntos, pudo más el miedo al castigo y al maltrato
y ahí acabó su intención de ser uniformado.
Pero
cuando pensó que ya todo había quedado en el olvido, un día sorpresivamente
llegaron a su casa varios hombres que nunca supo si eran del Ejército, de la
Marina, de la Policía Federal o de la Fuerza Civil y lo empezaron a interrogar.
Fue
gracias a que pudo demostrar plenamente que estaba empleado como obrero y que
les contó la historia de por qué ya no se había presentado que lo dejaron en
paz.
Lo
que esos hombres querían saber era si había desertado porque lo había tentado y
lo había convencido la delincuencia organizada para que se pasara a sus filas,
toda vez que ya estaba capacitado, cuando, por decirlo de alguna forma, ya era
mano de obra calificada.
De
eso me acordé la noche del jueves pasado cuando estalló el escándalo por el
despido inesperado de 185, 200 cadetes, por parte del entonces director del
Centro de Estudios e Investigación en Seguridad (CEIS), mejor conocido como la
Academia de Policía, Julio César Sosa Mirós.
La
prensa diaria ha dado ya detalles del caso. El pretexto fue que no habían
aprobado el examen de confianza cuando muchos ya tenían seis meses de
entrenamiento.
Cuando
los echaron les debían cinco quincenas de tres mil pesos cada una, por lo que
de pronto se vieron descobijados y sin tener siquiera para el boleto de regreso
a sus pueblos o ciudades. Ante su protesta, se les amenazó que serían
desalojados por granaderos.
Fue
decisiva la intervención del Secretario de Seguridad Pública, Jaime Téllez
Marié, para que volvieran a sus espacios esa noche y al día siguiente cuando
platicó con ellos les ofreció que se les pagará lo que les deben y que sería
despedido el director Sosa Mirós.
Pero
hasta donde se quedó la participación del titular de la SSP, el viernes 16
anunció que los jóvenes serían despedidos porque “no acreditaron los exámenes
de control y confianza… Son disposiciones que no manejamos nosotros, hay
normativa directamente del Sistema Nacional de Seguridad Pública…” (nota de
Rodrigo Barranco Déctor, alcalorpolitico.com).
Lo
ocurrido explica en parte por que ha fracasado en el Estado el combate a la
delincuencia, organizada o no.
¿En
seis meses nadie se percató que los jóvenes no eran dignos de confianza para
desempeñar el trabajo de policía?
¿Cómo
fue entonces que los aceptaron? ¿Les pidieron dinero a cambio para hacerse de
la vista gorda?
¿Qué
autoridad o instancia vigila que se cumpla la normatividad y que quienes tienen
que aplicarla lo hagan?
¿Acaso
lo ocurrido no refleja el desorden que hay en la Secretaría de Seguridad
Pública y en una de esas hasta en todo el Gobierno?
¿Quién
ordenó nombrar como director a alguien que no cumplía el perfil?
¿Es
que tienen que estallar conflictos que se vuelven escándalos para que sólo así
se den cuenta las autoridades que las cosas andan mal?
¿Si
es cierto que los jóvenes no cumplieron con el examen de confianza, por qué
entonces se malgastó el dinero de los veracruzanos en lo que el propio
Secretario de Seguridad calificó como “una pendejada” por haberlos contratado?
¿Al
despedirlos, nadie pensó que la delincuencia organizada se ha de haber frotado
las manos esperándolos para reclutarlos, o sea, se les capacitó para que
terminaran sirviendo a la delincuencia?
¿Habrá
castigo ejemplar para el ex Director y su secretario particular o le echarán
tierra al asunto?
¿Por
qué no se ha informado suficientemente sobre el caso sobre todo luego de que se
pregonó que este sería el Gobierno de la transparencia?
¿La
organización (o más bien dicho la desorganización) en la Academia de Policía es
la misma con la que se combate (es un decir) a la delincuencia?
¿Cómo
decía Duarte, aquí no pasa nada?
¿Sabrán
las autoridades que muchos de ellos dejan a sus familias y se disponen incluso
a arriesgar sus vidas para poder darles sustento?
También Sergio Rodríguez cuestiona
manejo de recursos
Caray.
También el mismo presidente de la Comisión de Hacienda del Estado, Sergio
Rodríguez Cortés, del PRD, cuestionó el manejo discrecional de los recursos del
Congreso local.
Ello
ocurrió por la tarde durante una mesa de análisis que conduce Joel Cruz en la
XEU de Veracruz.
Durante
su participación, Checo Rodríguez
coincidió con la inquietud de su compañera panista Cinthya Lobato Calderón.
Dijo que cómo es
posible que el Poder Legislativo fiscalice los recursos de los entes públicos y
no empiece por casa.
Además, señaló que el
dinero que se maneja ahí no es para que se reparta entre los diputados sino
para que “funcione como el poder que es”.
Comentó que para ello
hay una Comisión de Administración y Presupuesto que es la que debe acotar el
uso discrecional de los recursos por parte de la Junta de Coordinación Política
(Jucopo).
Sin embargo, agregó,
dos de los tres integrantes de dicha Comisión son coordinadores de bancada y
miembros de la Jucopo: su compañera perredista Yazmín de los Ángeles Copete
Zapot y el priista Juan Nicolás Callejas Roldán (una vocal y el otro
secretario), por lo que “son juez y parte”.
Critico además que en
la página del Congreso no se maneja información de manera detallada y en qué
rubros se gastan los recursos, sino que sobre montos y destinos todo se hace de
manera muy generalizada .
Hasta el celular les pagan
Por su parte, la
diputada Lobato Calderón se dijo sorprendida ante lo que informó su compañera
panista Mariana Dunyuaska de que hay una partida especial para el pago de
telefonía celular de los diputados y que tienen no doce sino diecisiete
asesores.
Participaron también
de manera telefónica, el diputado del PRI Carlos Morales Guevara y el de
MORENA, Amado Cruz Malpica.
Nace este miércoles Mujeres Líderes de Veracruz
Durante un acto que
tendrá lugar este miércoles a las 10 de la mañana en el Hotel Xalapa, nacerá
oficialmente la asociación civil Mujeres Líderes de Veracruz, A. C., cuyas
directivas rendirán protesta.
Ellas son Vicencia
Escobar C., como Presidenta; Eva Cisneros S., como VicePresidenta; Elda Larios
M., como Tesorera; y Nora I. Llerena G., como Secretaria.
Lo interesante es que
son empresarias de a deveras pues sus integrantes manejan giros comerciales
como papelerías, boutiques de ropa y zapatos, repostería, servicios
veterinarios, servicios de laboratorio, modistas, diseñadoras de eventos,
ingenieras civiles y arquitectas, elaboración de salsas y alimentos, etc.
La asociación agrupa a 45 socias.
Traen ganas de trabajar,
la agrupación no tiene filiación política y desean contribuir al desarrollo de
Xalapa y del Estado. Se les desea éxito.


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