Prosa aprisa
Cuánto daño a tantos en tan poco
tiempo
Arturo
Reyes Isidoro
Fue
acción indebida, reprensible, un verdadero crimen lo que el gobierno de Javier
Duarte hizo −o tal vez mejor dicho, dejó de hacer− con programas y recursos de
dos dependencias dedicadas a la asistencia social y a la salud de los
veracruzanos más necesitados: el DIF y la Secretaría de Salud.
Si
el desvío de recursos dentro del propio gobierno y los actos de corrupción para
sustraerlos y destinarlos al provecho personal de algunos, que han colapsado a
la administración, son condenables, haber atentado contra niños, ancianos y
mujeres embarazadas en pobreza, en situación de miseria, pero incluso hasta de
buena parte de la población de clase media baja, raya en lo criminal.
Cuando
en voz alta me he querido condoler de los hijos de Javier Duarte y de Karime
Macías al haber quedado, de golpe y porrazo, sin sus padres, quienes han tenido
que huir y esconderse para no enfrentar a la justicia por el abuso de poder que
cometieron en perjuicio de todos los veracruzanos, la respuesta de indignación
no se ha hecho esperar.
“¿Y
qué me dices de los niños, de los ancianos, de las mujeres embarazadas, muchos
de ellos indígenas, que murieron o que por el resto de sus días sufrirán
secuelas por no haber sido atendidos oportunamente y con los medicamentos
necesarios para algún padecimiento, porque Duarte y los suyos se robaron el
dinero que era para programas asistenciales, para hospitales y centros de
salud, así como para equipos médicos y medicinas?”, me han respondido
rápidamente.
Me
ha pasado a mí y a periodistas serios, según hemos cruzado experiencias. Tienen
razón, no les falta razón, aunque algunos pensemos o creamos que los niños no
tienen porqué pagar por los errores e incluso por los crímenes que cometen sus
padres.
Poco o nada se ha dicho, pero en
semanas pasadas agentes de la Procuraduría General de la República (PGR)
también irrumpieron en las oficinas del DIF Estatal en Xalapa y cargaron con
todos los archivos del organismo como parte de una investigación que realizan
por el desvío de recursos o peculado, que suman muchos millones de pesos y que
no se sabe a dónde fueron a dar porque no se emplearon para atender a los
pobres de Veracruz, recursos en parte federales.
En “Prosa aprisa” he señalado ya, que,
por ejemplo, tan sólo a Liconsa le deben 15 millones de pesos desde 2014,
debido a lo cual el organismo dependiente de la Sedesol federal denunció el
caso ante la Auditoría Superior de la Federación, que, a su vez, pidio a la
dependencia federal llevar el caso ante la PGR, que ya determinó la
culpabilidad por incumplimiento del sistema estatal.
La responsable directa sería Astrid
Elías Mansur, directora entonces del organismo, y por omisión Karime Macías
Tubilla, presidenta del sistema, aunque les surgen defensores que afirman que
quien no entregó el dinero fue Tarek Abdala Saad. Todavía, en su momento,
Astrid denunció a Liconsa, ya que para 2015 querían que les surtiera el triple
de leche, por un equivalente a 45 millones de pesos, a lo que se negó hasta en
tanto no le liquidaran lo pendiente.
Lo grave es que por culpa de estos
insensibles e irresponsables, Liconsa les dejó de surtir el producto,
quitándole, así, un beneficio a la población vulnerable a la que se le surtía,
buena parte niños de las sierras o de los cinturones de miseria de las grandes
ciudades.
Oficialmente, la misión del DIF es
brindar servicios de asistencia social oportunos, eficaces, equitativos,
humanitarios y de calidad que coadyuven al mejoramiento de las condiciones
adversas de la población desprotegida, y en 2014, en la presentación del
Código de Conducta del organismo, la Dirección General a cargo de Astrid Elías
Mansur señaló que quienes trabajan en el Sistema deben ejercer
sus funciones “con legalidad, responsabilidad, transparencia y honradez,
concientizándonos de brindar y ofrecer una atención con calidad a la
población más desprotegida”.
La acción de la PGR es
la más clara señal de que nunca estuvieron dispuestos a cumplir lo que
recomendaban que se hiciera. La expresidenta está prófuga, la exdirectora
prácticamente huyó dejando el cargo, y el exDirector de Administración del
Sistema está inhabilitado para ejercer cualquier función pública señalado por
actos de corrupción, aunque se cobija en el fuero que le da ser diputado
federal y protegido por el gobierno federal y su partido el PRI.
Y sobre la Secretaría de
Salud, ¡oh Dios misericordioso!, cuánta actitud irresponsable, insensible,
cuánto daño a tantos en tan poco tiempo, que bien podríamos estar ante un caso
de crímenes de lesa humanidad, porque se dispuso del dinero que estaba
destinado para atender y tratar de curar a los menesterosos afiliados al Seguro
Popular, el Seguro Social de los pobres, pero también a la población de clase
media sin acceso a la seguridad social de las grandes instituciones como el
IMSS o el ISSSTE.
El martes pasado fuimos
testigos de cómo, durante la comparecencia del Secretario de Salud Fernando
Benítez Obeso con motivo de la entrega del sexto y último Informe de Gobierno,
el lodazal de la corrupción que envuelve a esa dependencia salpicó a todo el
Congreso local y quedó al desnudo el estado agonizante de los servicios de
salud dependiente del gobierno del Estado y de programas con recursos
federales, a causa de que un grupo de ladrones investidos de funcionarios utilizó
el dinero para su provecho personal.
Unos por acción y otros
por omisión (Juan Antonio Nemi Dib, extitular de la dependencia hace
señalamientos directos que debieran ser investigados), hay muchos responsables que
en otro régimen como el de China, los que estaban en el Congreso de ahí
hubieran salido directo al paredón o mínimo a una prisión, pero todo quedó en
un mar de justificaciones tratando de echarle la culpa a otros, y no pasó nada
porque, por si fuera poco, una de las presuntas corresponsables, Luisa Ángela
Soto Maldonado, dirigente de los trabajadores del sector, es flamante diputada
local priista.
Si la justicia persigue
a Javier Duarte de Ochoa (quién sabe por qué su esposa también huye y se
esconde con él) por actos de corrupción que tienen escandalizado a todo el país
y que han impactado en el extranjero (la prensa británica, la española y la
norteamericana se han hecho eco del escándalo), tan sólo haber permitido que se
atentara contra la salud y la vida de tantos sería suficiente para refundirlo
de por vida en la cárcel y ser juzgado con la mayor severidad.
La asistencia social y
la atención a la salud de los pobres y de los extremadamente pobres deben ser,
son áreas sagradas de todo gobierno. Sus programas y sus recursos deben ser
intocables. Se trata de vidas humanas, muchas veces de casos de vida o muerte
(como los niños enfermos de cáncer o las personas afectadas por el sida), y por
eso todos los responsables de lo que pasa en el DIF y en la Secretaría de Salud
no tienen perdón.
Lo repito. Sorprende que
no obstante todas las evidencias, hasta ahora no haya un solo responsable
castigado, detenido, en la cárcel. Muchas víctimas de ellos ya están bajo
tierra, otras, condenadas a sufrir secuelas por el resto de sus días porque no
tuvieron la medicina adecuada y a tiempo o porque no pudieron ser intervenidas
quirúrgicamente en forma oportuna por la falta de equipos. ¡Viva el reino de la
impunidad!
La “licuadora”
Interesante lo que dijo
ayer en la Legislatura Tomás Ruiz de que él no encendió la “licuadora” en la
Secretaría de Finanzas y que cuando vio el desorden y el desastre que se venía
prefirió renunciar. Ya habrá tiempo para comentar al respecto… Anoche mis
vecinos trabajadores de la Casa Veracruz seguían esperando su pago… También
empleados administrativos del CDE del PRI me enviaron un texto quejándose de
que no les han pagado la primera quincena de noviembre y que les argumentan que
la Secretaría de Finanzas no ha entregado las prerrogativas al OPLE. Amenazan
con salir este jueves a protestar a la calle… En el PRD estatal están a la
defensiva. Señalan que Elías Miguel Moreno Brizuela, Enrique Romero Aquino,
Fredy Ayala y Humberto Cervantes están dolidos porque en el pasado proceso
electoral se la jugaron con Javier Duarte y ahora que su partido llega al poder
con el PAN han quedado excluidos. Respiran por la herida, dicen.


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