Entre Columnas
El miedo
Martín Quitano Martínez
Aprendí que el coraje no
era ausencia de miedo sino el triunfo sobre él.
El valiente no es quien
no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.
Nelson Mandela
De muchas maneras el miedo ha tomado protagonismo en
buena parte del país la semana pasada. La velocidad de la reproducción en redes de los
rumores sobre eventos de saqueos generaron crisis colectivas que crecieron
hasta el punto de desestabilizar emocionalmente a grupos de ciudadanos
arrastrados por la inercia del miedo; ha sido una fuerte experiencia social observar
directamente algunas consecuencias del hartazgo social y su oportunista aprovechamiento
por grupos organizados y poderes formales y fácticos, haciendo evidente la
fragilidad cívica y el mal humor social utilizado como caja de resonancia ante
lo que para muchos fueron acciones calculadas.
Sin
duda en todo lo vivido en estos días hay fuerzas que buscan presionar y dejar
en evidencia las debilidades de legitimidad de un gobierno nacional que ha
demostrado su nivel de incompetencia, aprovechando el rechazo hacia una medida
tan impopular como el alza al precio de la gasolina, contando con que hay un
ambiente de descalificación en amplios sectores sociales que frente al descrédito
de Peña Nieto y su ejercicio de gobierno busca romper con las contemplaciones y
los lamentos y pasar a la demostración fehaciente de los enojos frente a lo que
desde el centro de la república se decide.
Y
es que hay de saqueos a saqueos. Sin ánimo de justificar, los saqueos realizados
al patrimonio público por parte de las élites nacionales, el ofensivo alarde de
riqueza y banal comportamientos de los que dicen gobernar, representan una de
las nefastas consecuencias de la implementación de un modelo económico que ha
atracado la vida presente y futura de millones. Ellos, los beneficiarios de
este modelo, tendrían que asumir que las dinámicas sociales requieren mucho más
que palabras en red nacional para atemperar el descontento, el mal humor y
posibilitar la construcción de confianza; el centro de la indignación nacional
está precisamente en la ambición personal con la que han actuado, por la
depredación y el daño que han generado.
Nuestra
entidad mostró también su parte de miedo y hosquedad, los ataques que se dieron
en el estado fueron esa muestra de que hay manos y voluntades dispuestas a
hacerse presentes en forma de confrontación, que están muy lejos de medidas pacíficas
o de reconocimiento de marcos legales.
El
efecto dominó y de colectivización del comportamiento de los grupos que
iniciaron los saqueos, puso de manifiesto que el hartazgo y la debilidad cívica
pueden hacer que personas ajenas a los incitadores, ciudadanos que solo estaban
presentes en el momento en que sucedían los hechos de vandalismo, optaban por
sumarse a la violencia, al ilícito y aprovechar el río revuelto, haciéndose copartícipes
de estos actos de rencor y revancha.
Paralelamente,
los miedos ante los actos y destrozos a comercios, formaron verdaderas olas de
pánico; el radio bemba y las redes sociales crearon espirales de rumores que hicieron
cerrar muchas áreas del comercio y detuvieron la vida de particulares abrumados
por los espantos que crecieron ante las posibilidades, decían, de agresiones a
sus domicilios o daño a su integridad.
La
protesta frente a las medidas federales, la indignación, fue socavada en su
legitimidad con los saqueos. Los miedos ganaron ante la indignación al menos
por el momento, el ejercicio sin duda fue exitoso para quienes fraguaron y
calcularon sus efectos pues parecieran haber logrado su cometido distractor y
deslegitimador. Aún no está todo dicho pero esas tácticas violentas plantaron
cara a una idea muy amplia de protesta ante la desfachatez peñanietista y sus
medidas impopulares.
Es
de suponer que con el pasto social seco, aún veremos muchos procesos que
deberían preocuparnos en mayor medida, mucho más si no logramos socialmente cerrar
el paso a la violencia, modificando el comportamiento gubernamental y
garantizando que la sociedad participe exigiendo y definiendo nuevos cauces por
la vía pacífica y democrática.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
En
Veracruz, 142 feminicidios y 335 mujeres y niñas desaparecidas durante 2016,
urge tomar medidas, el dolor es insospechable.
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