Crónicas urgentes
Este tiempo cuando todos son malos
Claudia Constantino
Por increíble que parezca,
el gobernador de Veracruz se muestra sorprendido ante la negativa de los
diputados del PRI y Morena a su plan de reestructuración de la deuda pública
del estado. Ha salido a los medios, en su más puro enérgico estilo, para
acusarlos, de cara a la ciudadanía, de no querer, por el bien de Veracruz, jalar
con él. Ha dicho que es preciso abandonar las venganzas políticas y los
intereses partidistas por el bienestar del estado todo. Ignora,
permanentemente, que en el pedir está el dar y que no se ha caracterizado por
sus dotes de buen negociador.
Es inaudito que Miguel Ángel
Yunes, durante los primeros meses de su gobierno, se haya empeñado en señalar a
todos sus disidentes como los malos de la película; insistir en vincular a
absolutamente todos los actores políticos de los demás partidos con “los personajes
que saquearon a Veracruz” y, ahora que los necesita, exigirles que cooperen.
Hoy, en un golpe de realidad,
el gobernador se enteró de que no es un señor feudal y que Veraceuz no es
territorio monárquico. El Congreso de Veracruz le demostró que la democracia se
construye desde la divergencia de ideas, y que para llamarse demócrata hay que
respetar todas las opiniones y buscar consensos por la vía de la negociación
política, y no por la via de las ríspidas declaraciones en los medios de
comunicación.
El contrariado ejecutivo
estatal asegura que, con su propuesta de reestructura, los veracruzanos pagarán
un poco menos por la insultante deuda, herencia de los gobiernos priistas. Lo
que no ha dicho es que dejó fuera del plan la deuda que mantiene el Gobierno
del Estado con los municipios de Veracruz. En próximos días buen número de
alcaldes, que ven en esa omisión una “venganza política yunista”, se reunirán
para acordar acciones que le recuerden al gobernador las consecuencias de su
deliberado olvido.
Como es normal, en año
electoral, cada paso en falso que el recién llegado gobernador dé, es como
pisar arenas movedizas y, entre menos cuidado tenga, puede ir enterrando en
ellas su proyecto transexenal. Al parecer, quiere seguir empleando la táctica
que le resultó bien en campaña: pasarse gritando: “al ladrón”, dirigiendo los
reflectores a los funestos personajes duartistas que hoy comienzan a pagar por
sus yerros, al menos mediáticamente, pues a la fecha no hay nadie sentenciado; y
“evidenciando”, en sus declaraciones a la prensa, a quienes no apoyan sus
propuestas.
No es sencillo para los
veracruzanos evaluar a tirios y troyanos. Todos los partidos se lanzan
acusaciones; se reprueban acciones y dichos; se “sacan los trapillos al sol”, y
Veracruz no avanza. No se han visto avances en materia de desempleo, seguridad
y salud, ni mejora tras la debacle financiera que nos dejó el duartismo. Todo
parece empantanado, porque culpar a las administraciones pasadas parece ser la
única estrategia que justificara la falta de resultados; qué decimos
resultados, avance alguno por parte de esta nueva administración estatal que
prometió que sí sabía cómo sacar a Veracruz del atolladero.
La luna de miel con el
“gobierno del cambio” ya pasó. Los muchos despedidos; los desempleados en mayor
número; las madres de los desaparecidos; los presidentes municipales en espera
de sus pagos; las amas de casa a las que cada día les alcanza menos el dinero;
los estudiantes de la UV que creyeron en las promesas de campaña del gobernador
Yunes, apoyadas por la señora rectora; los dueños y empleados de todas las
empresas que han cerrado recientemente en Veracruz; siguen esperando los
primeros avances, los primeros certeros pasos del nuevo gobierno de Veracruz.
Cansados de escuchar que
todos los partidos son lo mismo, desesperados por la larga espera de tiempos
mejores, los veraccruzanos ya no sólo pueden escuchar, leer y comprobar que “todos
son malos”. Es tiempo de ponerse de acuerdo, de conciliar, de parar el fuego,
incluso el “fuego amigo”, y adoptar una postura más seria, democrática y de Estado.
Es tiempo de que Veracruz deje de estar en las fauces de los políticos, que en
estos tiempos todos son malos. ¿Y los ciudadanos?
Cualquier comentario para esta columna, que mira en lontananza, a:
aerodita_constantino@hotmail.es

0 comentarios:
Publicar un comentario