Prosa aprisa
Vienen
tiempos difíciles con los despidos
Arturo
Reyes Isidoro
Como
trabajador del gobierno del Estado –fui lo que en el lenguaje burocrático le
llaman un“mando medio”, esto es, ocupé el cargo de Director aunque nunca de
Director General (hay una gran diferencia en el sueldo)– escuché muchas veces
en algunas reuniones que la administración estatal tenía una carga burocrática
muy obesa y que de 200 mil trabajadores que éramos sobraban 100 mil.
En
el gobierno del licenciado Miguel Alemán Velasco hubo el intento por adelgazar
la nómina burocrática, iniciativa que se acompañó de la imposición de medidas
de ahorro en el presupuesto de las dependencias más un corrimiento de horario
para que las oficinas gubernamentales trabajaran hasta las seis de la tarde y
no se gastara en consumo de energía eléctrica.
En
la Dirección de Prensa había poco más de 40 trabajadores y un día me citó el
director administrativo a una reunión en la que me anunció que tenía que
despedir a trabajadores porque le estaban exigiendo que ajustara el presupuesto
a la baja. Me dolía desemplear a compañeros, así que les expuse la situación y
plantée a quienes tenían mayor compensación de sueldo que accedieran a que les
descontaran una parte para formar un fondo y con eso pagar a quienes estaban a
punto de irse a la calle. Para mi buena sorpresa estuvieron de acuerdo y
mantuve la plantilla laboral además de que se redujo el presupuesto.
En
el pasado sexenio hubo al inicio un programa que le llamaron de retiro
voluntario (en muchos casos fue forzado) pagando una buena indemnización a los
que renunciaran, pero no fue nada significativo, y luego hubo despidos
injustificados, además de que sobre todo en los últimos años no le pagaban el
sueldo completo a los trabajadores, con cualquier pretexto, o su aguinaldo, con
la promesa de que más adelante se les repondría. Nunca lo hicieron.
El
30 de octubre, siendo todavía titular de Finanzas y en plena vóragine por la
falta de recursos y el reclamo de acreedores y prestadores de servicios para
que se les pagara lo que se les debía, Antonio Gómez Pelegrín, a quien una
noche anterior un grupo de alcaldes había retenido hasta altas horas de la
madrugada con el mismo objetivo, me comentó que una de las medidas para aliviar
la presión en las finanzas estatales era despedir a por lo menos 20 mil
trabajadores, un 10 por ciento de toda la burocracia estatal, lo que no veía
fácil.
Hoy
el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares ha decidido echarse el trompo a la uña
y ayer no le dio más vueltas al asunto. De acuerdo a una nota informativa de la
compañera Ángeles González Ceballos, de alcalorpolitico.com
dijo que le da “mucha pena” y sentirá “mucha preocupación” si alguien se queda
sin trabajo “pero será porque no
desempeña tarea sustantiva en la administración y porque se puede prescindir de
esa responsabilidad que la persona tiene”.
Expresó que no quiere
despedir a nadie de los que realmente trabajan, ya que no es fácil para un
Gobierno dejar sin empleo a una persona, “pero por otra parte está la
responsabilidad frente a 8 millones de veracruzanos”.
Así que dejarán de laborar “las personas que estén en
áreas sustantivas y que no desempeñen funciones sustantivas, que desempeñan
funciones que realmente no sean relevantes o que no desempeñen ninguna función,
que estén ocupando un espacio y no desempeñen ninguna función".
Argumentó que si no se toman
decisiones concretas y responsables en lo que se refiere al gasto del Gobierno,
“simplemente por cada peso que estemos gastando de manera indebida, no de
manera indebida en términos jurídicos, sino de manera no eficiente, ese mismo
peso se podría destinar a medicinas, a mejorar la seguridad".
El pasado 13 de diciembre,
comenté en “Prosa aprisa” que entre varios puntos que el gobernador Yunes había dado a
conocer un día antes, al informar al pueblo veracruzano sobre la situación de
las finanzas públicas y declarar al Estado en emergencia financiera y desastre
social, destacaba yo tres, una de ellas su llamado al pueblo de Veracruz a la
comprensión y a la solidaridad “frente a las difíciles medidas que tendremos
que tomar”.
“… en específico
y con detalles, ¿cuáles son, en qué consistirán las difíciles medidas que se
tomarán? ¿Acaso desaparición de dependencias, despido de personal, programa de
retiro voluntario y rebaja de sueldos, entre otras? ¿Acaso más que difíciles,
serán dolorosas esas medidas?”, pregunté. Creo que ayer nos dio la respuesta
concreta, aunque de entrada ya se despidió en este mes a personal de contrato,
se les quitó la compensación a muchos trabajadores y se les dejó sólo su sueldo
base y se les pagó un aguinaldo proporcional de su sueldo base pero ya no el de
su compensación. Creo que en general se les dejó un salario mensual de seis mil
pesos promedio, cuando ganaban con compensación 10, 12, 15 y hasta 20 mil pesos
o más. Conocidos míos, excompañeros de trabajo en el gobierno, consternados me
han comentado que van a sacar de escuelas particulares a sus hijos, y otros que
compraron a meses sin intereses en el pasado Buen Fin o en esta temporada
navideña, me han dicho con dolor que van a tener que regresar lo que no van a
poder pagar. Triste realidad.
¿Cuántos serán
despedidos iniciando enero? El gobernador dijo que no está definido el número,
aunque yo habría sabido que se dio instrucción a los jefes o directores
administrativos de que contemplen un recorte de hasta 30 por ciento del
personal. ¿Quiénes se irían? Se supone que quienes forman parte del llamado
personal de “confianza”, que es el mayor número de toda la burocracia, y habría
que esperar para saber si también liquidarán, con indemnización de por medio, a
trabajadores de base que no desempeñen lo que Yunes Linares definió como
“tareas sustantivas”.
Sobre esto
último, el pasado 15 de julio, cuando se debatía sobre la intención del
entonces gobernador Javier Duarte de basificar a toda la burocracia, escribí:
“La base sirve
muchas veces para que al trabajador no lo corran aunque su desempeño sea de lo
peor o su conducta indeseable (los hay y muchos, me consta). Lo defiende su
sindicato (muchas veces sólo para eso sirve, para defender a verdaderos
parásitos).
Sirve también
para que descanse el Día de la Secretaria o lo hagan desfilar el Día del
Trabajo, o que participe en la rifa de electrodomésticos el Día del Empleado, y
para que tenga asegurado su aguinaldo, muy poco porque es proporcional a lo que
gana.
A mi paso por el
gobierno observé cómo, en la mayoría de los casos, la base en lugar de motivar
para ser mejores, se convertía en un seguro para caer en el conformismo sabiendo
que el sueldo estaba asegurado.
Muchas veces es
un obstáculo para los buenos resultados porque aunque alguien quiera llevar a
gente que sí quiera, sepa y trabaje de verdad, no puede desplazar a alguien de
algún espacio porque es de base, es ‘su’ base”.
Ya está, pues,
de acuerdo al gobernador, decidido despedir a trabajadores. Él habló de medidas
difíciles, yo las he venido calificando de dolorosas. Conociéndolo como creo
conocerlo, no habrá marcha atrás. Ojalá, de base o de confianza, no se
sacrifique a los buenos trabajadores, que los hay y muchos, e insisto, ojalá
también y pronto ofrezca un mensaje esperanzador de que vendrán nuevas y más
inversiones para abrir nuevas fuentes de trabajo, en especial en Xalapa y toda
su región.
Creo que ahora a
la crisis económica también la acompañará una crisis social cuyas dimensiones y
repercusiones no alcanzo a imaginar.
Por lo que hace
al gobernador Yunes Linares, no dudo que le van a llover las críticas aunque ha
pedido comprensión y, lógicamente, van a quedar dolidos con él todos los
afectados. Toma una decisión valiente porque incluso puede acarrearle pérdida
de popularidad de quienes votaron por él o de quienes esperaban encontrar
empleo en su gobierno, especialmente en el caso de Xalapa, lo que puede
significarle pérdida de votos para su causa en las elecciones de 2017 y 2018.
Lógicamente, si el sacrificio se traduce en el cumplimiento de obligaciones, en
cambio quedarán complacidos a quienes se les pague lo que se les debe.
Burocracia sobraba y sobra. Había que tomar la medida pero los gobernadores
priistas no se atrevieron a hacerlo.
Por lo menos, ha
sido claro y no le ha dado vueltas al asunto ni ha disfrazado la medida que
está tomando con cualquier pretexto baladí. Siempre es bueno que el gobernante
hable de frente para tomar las medidas pertinentes y actuar en consecuencia. En
Veracruz vienen tiempos más que difíciles, críticos y dolorosos. Preparémonos
para enfrentarlos de la mejor forma. Ahora sí, en serio, a apretarnos el
cinturón. No nos podía llevar a otra cosa el desastre financiero que causaron y
dejaron Javier Duarte “y su banda”.

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