Prosa aprisa
Bermúdez canta y trambuca a Duarte y a
Tarek
Arturo
Reyes isidoro
¡¿Tiene
algo que decir?! ¡Duarte! ¡¿De qué se reía el día de su detención, señor
Duarte?! ¡Duarte! ¡Duarte, Duarte! ¡¿Se arrepiente de algo, Javier Duarte?!
¡¿No le da vergüenza?! ¡¿Estará solicitando asilo político?! ¡¿Qué tiene que
decirle a los veracruzanos?! ¡¿Siente algún tipo de vergüenza por todo lo que
le están acusando?! ¡¿Algún remordimiento?! ¡¿Sabes lo que te espera?! ¡Estamos
para repetir todo lo que le quiera decir a la prensa! ¡Duarte, voltea! ¡¿Algún
comentario?! ¡¿Dónde está su esposa?! ¡¿Algún comentario sobre la audiencia?!
¡¿Javier, qué le va a decir a la prensa?!
El
enjambre de reporteros, fotógrafos y camarógrafos constituido en una verdadera
marabunta que hacía que se atropellaran entre todos enmarcó la llegada y la
salida de Javier Duarte de Ochoa al y del tribunal en el que compareció ayer en
Guatemala aunque por lo que correspondió a él fue más el ruido que las nueces,
pues se concretó a reservarse su derecho a declarar si acepta o no a ser
extraditado argumentando que no ha recibido formalmente la solicitud del
gobierno mexicano para tal fin, aunque dejó abierta la posibilidad de que pueda
aceptar.
Quién
sabe si los demás presos por dónde pasó son veracruzanos, porque lo llenaron de
gritos e insultos, como si ellos hubieran sido los agraviados y estuvieran
pagando las consecuencias.
Lo
resaltable estuvo en la lectura que hizo el Fiscal de la investigación que
realiza el gobierno mexicano, donde quedó en claro que el exSecretario de
Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, no se quiere ir al infierno solo y
cantó, trambucó a Duarte diciendo que desde 2014 éste había dado instrucciones
a su entonces Tesorero, Tarek Abdalá Saad, para que le pidiera que todo el
dinero que llegara del Gobierno Federal para seguridad lo reintegrara a
Finanzas, lo que ya estaban haciendo la Secretaría de Salud, la SEV y la
Sedarpa.
Bermúdez
también desmintió lo que Duarte tanto negó: que salvo una casa en Veracruz y
otra en Córdoba que había heredado, tuviera otras propiedades, pues reveló que
Duarte le confesó que eran suyos un departamento en Boca del Río, la famosa
hacienda El Faunito, en Fortín de las Flores, y una casa en Polanco, en la
Ciudad de México. De pasó citó que Duarte había encargado al actual diputado
local Juan Manuel del Castillo que se encargara de la facturación (se supone
que conseguir facturas para tratar de simular compras y pagos), lo que el ahora
legislador no pudo realizar y de ahí se armó la gorda, porque es cuando ya no
se pudieron tapar los faltantes.
Por
la lectura del Fiscal se reveló que el “doctor en Economía” Javier Duarte
propuso entonces desaparecer los registros contables del Gobierno, pero sus
cómplices le recordaron que eso no solucionaba nada ya que había registros de
las transferencias y depósitos en los
bancos. Esa, a mi juicio, fue la novedad. Todo lo demás que se dijo ya lo
conocemos.
Eso
consta en actas de la investigación, pero, ¿qué más les reveló Bermúdez a
cambio de que le atenúen la pena? ¿También han cantado ya Bustos, Deantes,
Audirac y Valencia? Para los duartistas, qué duda cabe, esto es un ¡sálvese
quien pueda!, ¡las mujeres y los niños primero! Edel tiene que apresurar la
ampliación y la construcción de nuevas salas de juicios orales y la
habilitación de personal extra porque si no los jueces no se van a dar abasto.
Con cárcel atropelló, con cárcel paga
Javier
Duarte es, debiera ser un recordatorio a los hombres de poder político, a los
gobernantes que devienen en sátrapas, que son tan mortales como todos y que su
poder se acaba, que no es para siempre.
Creo
que quienes mejor podemos apuntarlo somos los periodistas que tenemos que
convivir, que lidiar a veces con ellos, que los
confrontamos muchas veces con nuestras opiniones en contra, que los
padecemos o que sufrimos sus excesos, sus abusos de poder sólo porque hacemos
público nuestro punto de vista, que no necesariamente coincide con el de ellos.
El
periódico El Financiero nos informó
ayer en su portal que antes de llegar a la Torre de Tribunales, Duarte tuvo que
recorrer el “pasillo de la vergüenza” y estuvo en una celda sucia con “un olor
desagradable”.
En
la prisión en la que ha estado recluido desde el domingo en la madrugada en
Guatemala, luego de que fue detenido el
sábado, ha estado durmiendo en una plancha de cemento que tiene una colchoneta,
en una celda de 3.70 por 2.70 metros cuadrados, que cuenta con un baño propio y
ventilación natural a través de rejillas. Es el reo número 27 y se le ofrecen
tres tiempos de comida como a los demás presos.
Cito esto para
contrastar la opulencia en la que vivía cuando era gobernador, que era un
reflejo del exceso y del abuso de poder con el que actuaba, cuando creía y se
creía casi dueño de Veracruz y de la vida y destino de los veracruzanos y no se
tentaba el corazón para atropellar a quienes él consideraba sus enemigos sólo
porque le señalaran sus errores o no estuvieran de acuerdo en su forma de
comportarse como gobernador.
Tal vez el caso más
destacado que pinta su abuso de poder fue el de la periodista Maryjose Gamboa,
contra quien se ensañó hasta el exceso sólo porque ella ejercía la crítica, y
no sólo no se conformó con hacerla que la despidieran de las empresas de
televisión y de radio en las que trabajaba o colaboraba, sino que aprovechando
un incidente legal ordenó su encarcelamiento con la intención de confinarla por
muchos años, los más que se pudieran, aunque el asunto le diera derecho a ella
a enfrentar un proceso en libertad bajo fianza. Finalmente, luego de ocho
meses, la justicia se impuso, obtuvo su libertad, hoy incluso es diputada local
y sigue haciendo periodismo.
El otrora poderoso,
arbitrario y abusivo gobernante paga lo que le hizo a nuestra joven compañera
más pronto de lo que imaginó: sólo dos años después. ¿En la soledad de la
prisión, en la humillación que vive cohabitando con peligrosos criminales, se
acordará de lo que le hizo a Maryjose?
El sábado pasado por
la noche, Sábado de Gloria, cuando platicaba con un hijo mío que había pasado a
saludarme, recibí el primer retuit que daba cuenta de que por fin había sido
capturado. A partir de ese momento y hasta bien entrada la noche seguimos el
curso de los acontecimientos, hasta que confirmaron que de Panajachel era
trasladado, ya preso, por tierra hacia Guatemala.
Con mi hijo, nos
veíamos uno a otro. Casualmente él había sido quien había sufrido la represalia
en mi contra a causa de mi línea editorial. Duarte, apoyado por Gina Domínguez,
su entonces poderosa coordinadora de Comunicación Social, había buscado cómo causarme daño para tratar de acallarme.
Hicieron todo lo que pudieron y cuando no consiguieron elementos para hacerlo,
fueron sobre mi hijo y él pagó por mi sin tener nada que ver.
Nunca me quejé porque
desde siempre he sabido que el mío, el nuestro, es un oficio de riesgos porque
toca intereses de poderosos y que a veces sale uno lastimado cuando no es
víctima mortal. Me encerré y me puse bloques de hielo en la cabeza para no
reaccionar caliente. Por experiencia, opté por dejárselo todo al tiempo, porque
sé que es el mejor aliado cuando de cobrar deudas pendientes se trata. El padre
Tiempo nunca falla, siempre llega puntual, todo es cuestión de esperar con
paciencia. En mi caso, y creo que en el de Maryjose, ya llegó. Duarte está
ahora en la cárcel y yo, como mi compañera, sigo aquí en la trinchera haciendo
periodismo.
No me regocijo porque
esté en la cárcel, pero tampoco me conduelo por él. Simple y sencillamente
deseo, exijo, espero que se le aplique la ley con toda severidad aunque sin los
excesos que el usó más allá de los límites legales. Y no por deseos de
venganza, porque no soy de quienes los alberga, sino por todo el daño que causó
a cientos, a miles, acaso a millones de veracruzanos, quienes hoy viven y
padecen las consecuencias.
Su caso, decía al inicio,
debiera servir de espejo para que otros hombres de poder, otros gobernantes,
habidos y por haber, se vieran en él al momento en que empezaran a olvidarse
que el poder lo tienen sólo prestado y que sus abusos, sus excesos, sus
atropellos y arbitrariedades nunca estarán exentos de su rendición de cuentas
ante la justicia, y que sus víctimas se podrán sentar tranquilamente algún día
bajo el alero de su casa a ver pasar el cadáver de su represor. Nunca falla.

0 comentarios:
Publicar un comentario